jueves, 16 de junio de 2011

Sobre EL DIARIO DE CARMEN


El jueves fui a ver EL DIARIO DE CARMEN, de Luis Cano, a El Kafka (Lambaré 866, tel: 4862-5439). Funciones jueves a las 21 hs.

Tristram Shandy, caballero

La vida y opiniones del caballero Tristram Shandy es la traducción al castellano del título original The Life and Opinions of Tristram Shandy, Gentleman, novela publicada en nueve volúmenes por el escritor inglés Laurence Sterne entre 1759 y 1767. Más conocida como “el Tristram Shandy”, se trata de una obra experimental que convirtió a su autor, gracias al éxito inmediato de ventas, en una celebridad en su época. Predecesora de muchas novelas modernas, si bien no inaugura sí lleva a un extremo la relación obra/biografía y, sobre todo, el paradójico vínculo del narrador en primera persona y su materia narrada. Así, en la novela, Tristram, narrador de su propia biografía, es incapaz de explicar nada en forma sencilla y recurre constantemente a digresiones que abren en abanico el contexto de su vida, proponiendo lo lateral como centro e impidiendo el avance lineal de una trama. Su propia vida se difumina entre las desopilantes peripecias de personajes vinculados al protagonista hasta tal punto que el nacimiento de Tristram no sucede hasta el tercer tomo y que él mismo, como personaje activo en la trama, aparece brevemente en el libro cuarto y, directamente, desaparece en el sexto. Asimismo, al desplazar el eje del relato desde la trama hacia la reflexión personal, Sterne crea una primera forma de lo que se llegará a conocer como “monólogo interior”.

Pero lo que nos compete en esta reseña es la paradoja. En su versión simple: el mismo Tristram afirma que, si empleó dos años en narrar la historia de los dos primeros días de su vida, el material se acumulará invenciblemente y, a medida que los años pasen, se alejará más y más del final de su propia historia…[1]

Escribir es detenerse. Narrar es dejar de vivir, o pasar a otro plano (otro tiempo) de la experiencia.

Doscientos cincuenta y dos años después de la primera publicación de Sterne, Luis Cano y El Diario de Carmen ejecutan en escena una variante de esta ya clásica paradoja.

Síntesis argumental

Carmen, narradora y protagonista de su propio diario, ejecuta en el tiempo lineal de lo escénico las instancias fragmentarias, no lineales, del discurso autobiográfico. El espacio se bloquea y se quiebra. Quien nunca vimos entrar, no puede salir.

Pinter y Luna

La técnica de la dificultosa reconstrucción, generalmente a dúo, de un recuerdo a medias compartido está en el corazón de la obra de Pinter, desde Ashes to Ashes hasta Old Times. Dos personajes intentan, mediante tímidas o reiteradas preguntas, saber qué ocurrió en la propia vida, en aquellos “viejos tiempos”. La resonancia de ese Pinter en la tarde del accidente referida por Carmen no se agota solo en la forma. La imposibilidad de una reconstrucción es, en esencia, constitutiva del relato. El relato es el verdadero organismo vivo del aquí y ahora, y el pasado es la paradoja imposible. En Pinter, y también en este Diario –tensionando la intimidad que un diario personal supone-, los relatos son “de a dos”.

Para saber qué hice, te necesito. Para saberme a mí, para ser un YO, te necesito.

La pequeña y parlanchina Luna suele pedirme que le cuente cosas que ella hace. “Contame, papá, cómo me lavo los dientes; contame cómo juego a ser la señorita Vero, del jardín”. Y entonces yo le cuento, como un cuento, su propio acontecer. La delgada capa de consciencia, el yo, esa calcárea interface entre el interior anímico (la materia de los sueños) y lo otro, lo externo, se constituye en el relato compartido.

El diario de Carmen vuelve, mediante diversidad de técnicas, esta otra paradoja en acción.

La puerta intocable

Sexto Sentido. El gran Bruce Willis acerca reiteradas veces su mano al picaporte de una puerta que lleva al típico subsuelo de las casas americanas, metáfora del contenido inconsciente, del recuerdo velado, de la consciencia de la propia muerte. No puede abrir esa puerta: en una quirúrgica operación de montaje, el director M. Night Shyamalan nos muestra insistentemente, casi hasta ocultarla, esa imposibilidad.

El espacio de El Diario de Carmen funciona en analogía. Las puertas que no puede abrir, los desplazamientos (en tiempo y espacio) que no puede ejecutar, señalan lo ominoso. Pero el teatro es una continuidad irrevocable; no tiene montaje. La inteligencia de estas pistas queda entonces a cargo del director, meticuloso, y de la perfección detallada de Gaby Ferrero, destacada en blanco sobre negro contra el fondo casi inerte de su partenaire. El otro es borroso. El otro es inexpresivo. Probablemente, voluntario, el otro mira al vacío, para recortar el abrazo e impedir, en escena, la apertura del tiempo.

Bonus track

El Espacio Cano es un Podolsky Curvo.

Se puede ver el desarrollo del “modo Podolsky” en la secuencia de reseñas que se abre haciendo click aquí. En mi imaginación, en mi recuerdo, en mi poética La Diosa Blanca, las mujeres de Harina (click aquí), de Aureliano, de Yuna (click aquí), conviven significativamente, en un espacio interior/exterior femenino, con la Carmen de este diario.


[1] Citado por Borges y Bioy, la paradoja es refutada matemáticamente por Betrand Russell, quien afirma: “Tristram Shandy, como todos sabemos, empleó dos años en historiar los primeros dos días de su vida y deploró que, a ese paso, el material se acumularía de invenciblemente y que, a medida que los años pasaran, se alejaría más y más del final de su historia. Yo afirmo que si hubiera vivido para siempre y no se hubiera apartado de su tarea, ninguna etapa de su biografía hubiera quedado inédita. Hubiera redactado el centésimo día en el centésimo año, el milésimo día en el milésimo año, y así sucesivamente. Todo día, tarde o temprano, sería redactado. Esta proposición paradójica, pero verdadera, se basa en el hecho de que el número de días de la eternidad no es mayor que el número de años.”

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