jueves, 19 de septiembre de 2013

Sobre La Dramaturgia de la Saturación, en revista Saverio Número 33

Este artículo ha sido publicado en el número 33 de 
SAVERIO, REVISTA CRUEL DE TEATRO

#23. DETRAS DE LA IDEA (click aquí para ver revista)


Experiencias sobre la escritura de textos teatrales. Colaboran: Héctor Levy-Daniel, Ignacio Apolo, Julio Molina y Lautaro Vilo. 



DRAMATURGIA DE LA SATURACIÓN
Este artículo sobrevolará los últimos veinte años para observar la evolución del concepto de dramaturgia y la reinstalación de su técnica. También, algunos aspectos sobre los talleres, la expansión de su campo, su saturación y la persistencia de su “aura” literaria. 

Cuando no estábamos donde no estábamos
Días atrás, quejándome por la cantidad de borradores de alumnos de dramaturgia para revisar, el gran Mauricio Kartun me atajó: “bueno, Nacho”, me dijo mientras él bajaba y yo subía las escaleras de la EMAD, “pensá que hicimos de una disciplina que prácticamente no existía como materia años atrás, y que en otros países aún no existe, todo un movimiento”. Kartun fue mi maestro de Dramaturgia en la primera camada de la Escuela Municipal, veinte años atrás. Desde los tempranos noventa hasta ahora, mucha agua corrió bajo el puente. Eran los tiempos remanentes del ochentoso lema “no hay autores” y de la ley criminal de los directores que enunciaba: “no hay mejor autor que el autor muerto”. Hoy la dramaturgia está en todas partes: hay dramaturgia del actor, dramaturgia de grupo, dramaturgia de director, dramaturgia de gabinete, dramaturgia de la no dramaturgia, y tal vez e incluso, una post dramaturgia. ¿Qué sucedió, a grandes rasgos? ¿Qué sucede? ¿De qué hablamos cuando hablamos de dramaturgia? Estos son algunos de los interrogantes que puedo plantear, esbozando en pocas líneas una precaria respuesta. 

Sistema caído: reinstalación y actualización de la aplicación “Dramaturgia”
Veinte años no es nada, pero para el profuso ambiente teatral de Buenos Aires es un lapso que vio emerger y consolidarse, al menos, dos generaciones de creadores teatrales. La de los noventa, de cuyo surgimiento participé, fue una generación que “re-instaló la palabra Dramaturgia, reemplazando aquella aurática palabra “autor” que había sido expulsada del paraíso de los grandes creadores de la época. El cambio del programa “autor” por la nueva aplicación (de) “dramaturgo” recuperó para sí una vieja palabra en desuso: la que designaba el oficio perdido en el tiempo de los clásicos –dramaturgos eran Sófocles, Shakespeare, Calderón- y la utilizó para cambiar el paradigma. Los dramaturgos, de 1995 en adelante, fuimos los “nuevos” dramaturgos: aquellos que finalmente venían a detener y fijar en el pasado, como hito histórico, la evolución de las figuras de Teatro Abierto y de los masacrados “autores muertos”. Las principales características de los nuevos eran, dentro de su diversidad, la doble entidad de dramaturgos/directores y, en ciertos casos, incluso actores, y la ruptura por estallido de los paradigmas binarios (esto vs aquello), que habían definido las posiciones estéticas de las décadas anteriores. 

En una segunda fase de este movimiento, tras la implosión de 2001 y la reconversión de la imagen de país, la dramaturgia se dio por descontada: el dramaturgo/director fue, en la década pasada, figura dominante, y la nueva generación que emergía entonces ya no encontró un territorio binario que romper. Era el tiempo de la multiplicidad y las “micropoéticas”, esos lugares profusos, precarios, visibles e invisibles, siempre diversos, definidos por el lema “un poco para todos”. Lo que viene después, en forma incipiente hacia fines de la década, y en avalancha en la actualidad, de la mano explosiva de las redes sociales y en conjunto con la descomposición de los viejos centros aglutinantes, es la contaminación del todo. 

Todo es Dramaturgia (la nada queda)
Este año el IUNA está culminando un proceso de cambio de plan de estudios para su carrera de Actuación, la más populosa de las carreras artísticas oficiales. Ese plan tiene cambios que exceden el alcance de este artículo, pero que incluyen su tema: dentro de lo nuevo, está la materia “Dramaturgia”.

Las instituciones burocráticas (un instituto universitario lo es) casi nunca están lejos de la retaguardia de los cambios de época. El motivo de sus cambios de planes suele ser más un “aggiornamiento” de los contenidos que un planteo de avanzada. Y esto toca la noción de “dramaturgia para todos”. Veámosla. 

Desde hace una década, al menos, todo profesor de actuación que abre un taller privado y pretende ser competitivo sabe que, subsidio por medio, debe/necesita/no puede no plantear el final de curso como el estreno de una obra con sus alumnos. No una obra “de autor” o un potpurrí de escenas diversas para mostrar las habilidades adquiridas; una obra generada en el taller. La dramaturgia del actor (en este caso, la dramaturgia del estudiante y el profesor) se impone en los usos y costumbres: participar de un taller de actuación es, en sí mismo, un “venga y elabore su propia obra”. No se trata de la anticuada y platónica noción de “muestra”, en la cual se pensaba: ahí están los (grandes) autores, y esto es lo que los (pequeños) alumnos pueden lograr con esos textos. El texto dejó de ser una elevada propiedad privada para ser parte/resultado del propio entrenamiento, y lo que se “estrena” –no lo que se “muestra”- es el resultado de esa actividad. 

Ex cursus
La dramaturgia, en esta segunda década del milenio, va de suyo: es inherente a todo proceso de producción teatral, incluyendo la puesta de un clásico. La dramaturgia es un proceso del actor, del director, del iluminador, del compositor. De allí que, de prisa antes de que cierre el mercado, la tradicional Carrera de Formación del Actor incluye Dramaturgia como materia obligatoria. ¿Qué ha quedado entonces del viejo autor y qué buscamos cuando vamos a un curso específico de dramaturgia?

Palabras, palabras, palabras, diría El Bardo. 

Tras los siglos y milenios, en la plenitud del micro mensaje de 140 kraktrs, el aura literaria persiste en el acto de la escritura. La dramaturgia, entendida como escritura, es un hecho lateral y autónomo del acontecimiento teatral. Suceda antes, durante, o después del proceso de puesta, su conversión a texto tiene el doble impacto de la inspiración y la conservación en formato de alta tradición poética. En la medida en que se concibe un texto previo, y un actor, director o músico viene a un curso de Dramaturgia, se pone en primer plano su inspiración personal: el poeta solitario se saca, un poco apolillado, del arcón de los recuerdos. En la medida en que se concibe un texto “en transformación”, es decir, para ser puesto a prueba y modificación en los ensayos con un elenco, el director, actor, promotor de un espectáculo que viene a un curso de Dramaturgia busca un modelo (entre varios que imagina que existen en el cielo de las herramientas) con el cual organizar, encauzar, limpiar los producciones de la improvisación actoral y su registro. El modelo, sea cual fuere, se vuelca en palabras escritas en un texto teatral, índice de autoridad y de autoría.
Ese referente, externo al teatro, condenado a morir para transformarse en cuerpo, ha pasado de ser la conexión directa entre las musas y el poeta a la condición de una herramienta, de notable tradición y de notable dificultad en los tiempos post-textuales de la contemporaneidad, por la que clamamos todos. 

Para más información
Actualmente doy dos materias en la Carrera de Dramaturgia de la EMAD: “Taller de Dramaturgia”, junto a Mauricio Kartun y Luis Cano, y “Texto y Espectáculo”, que vincula las producciones producidas en nuestro medio con sus textos. También soy profesor, junto a con Ariel Barchilón, de los talleres (niveles 1 y 2) de Dramaturgia del Estudio de Mauricio Kartun (en el ámbito privado), y doy ocho Seminarios Intensivos de Dramaturgia en el Teatro Machado, de marzo a noviembre: Monólogos, Improvisación en Dramaturgia, Adaptación Teatral, Análisis de Puestas en escena, entre otros. Como resultado de un segundo nivel de estos Seminarios, mis alumnos presentarán en Teatro Machado, de octubre a diciembre, 9 obras breves en el proyecto especial “9 de obras” –lunes y jueves a las 21 hs-.

Últimas y próximas producciones de Ignacio Apolo
Mi  último espectáculo, con el grupo con el que hice Rosa Mística entre 2009 y 2011, está concluyendo la primera temporada de El Mal Recibido, que repondrá en Teatro Machado en 2014. Mientras tanto, estoy escribiendo mi próximo proyecto teatral, sobre la Verdad y las formas de actuación, a estrenarse en CELCIT  principios de 2014 y estoy culminando la preproducción de mi obra El Tao del Sexo, coescrita con Laura Gutman y ganadora del premio Casa de las Américas 2012, que también dirigiré el año que viene.
Por último, para leer más artículos míos, puede verse el blog La Diosa Blanca: http://la-diosablanca.blogspot.com.ar/


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